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Cuando las piedras hablan
Santillana del Mar, Cantabria, julio de 2001. Se inauguran el nuevo Museo y la “Neocueva” de Altamira, una reproducción exacta de la que se ha llamado “Capilla Sixtina” del arte rupestre, con el fin de evitar el deterioro de las pinturas, realizadas hace entre 11.000 y 36.000 años.
Veinticinco años después, volverá a reproducirse este enclave único, Patrimonio de La Humanidad, pero esta vez con tecnología innovadora y de vanguardia: Ineco está desarrollando para el Instituto del Patrimonio Cultural de España, junto al Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, un gemelo digital de la Cueva, mediante una solución HBIM (Heritage Building Information Modeling), que combina datos 3D, sensores e inteligencia artificial.
El modelo es mucho más que una simple reproducción digital: es una plataforma colaborativa que permitirá a investigadores y equipos técnicos acceder desde cualquier dispositivo, no sólo a la geometría tridimensional de la Cueva, sino también a datos en tiempo real procedentes de los sensores ambientales. Junto con el valioso archivo histórico y científico del museo, el proyecto revolucionará la conservación y el estudio de este tesoro prehistórico de relevancia mundial.

Interior de la Neocueva de Altamira, que ofrece a los visitantes una minuciosa recreación de la original, cerrada al público desde 2002 para evitar su deterioro. En 2014 se reanudaron las visitas, si bien limitadas a cinco personas a la semana (250 al año) seleccionadas por sorteo público. Foto: Ministerio de Cultura-Museo de Altamira
“El patrimonio es el legado que heredamos del pasado, con el que vivimos hoy en día, y que transmitiremos a las generaciones futuras. Nuestro patrimonio cultural y natural constituye una fuente irreemplazable de vida y de inspiración”. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)
Madrid, otoño de 1937. En plena Guerra Civil española (1936-1939), los combates alcanzaron la zona sur de Madrid, llegando hasta el entorno de lo que hoy es el Parque Lineal del Manzanares.
Hoy, en ese mismo lugar, sobre el antiguo campo de batalla, se ubica la EDAR Sur, la mayor estación depuradora de aguas residuales del país, desde 1983. En el interior del recinto, no accesible al público, se encuentra una pequeña construcción, de planta rectangular y frente semicircular. Sus muros de granito y ladrillo aún conservan, casi 90 años después, las huellas del conflicto, visibles en forma de impactos de bala o de metralla.
La EDAR, que abastece a una población de 2,9 millones de personas, está en proceso de ampliación y renovación, lo que afecta directamente a la parcela donde se encuentra el búnker, testimonio arquitectónico singular de una de las etapas más sombrías de la historia de España.
Por ello la Dirección General del Agua del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha dado los primeros pasos para asegurar su conservación a largo plazo, y ha encargado a Ineco un primer estudio previo que servirá de base para el futuro proyecto de restauración.

Interior del búnker e impactos de proyectiles o metralla. Fotos: Ineco
Tras examinar la estructura, generando un modelo en 3D, la propuesta inicial es reparar las partes dañadas con materiales similares a los originales, desmontar el búnker piedra a piedra, trasladarlo a otra ubicación dentro del mismo recinto y reconstruirlo con total precisión, impactos de bala incluidos.
Ambos proyectos muestran la diversidad del trabajo de Ineco en la gestión y protección del patrimonio cultural de distintas etapas históricas- y a menudo inédito-, una actividad en la que acumula una trayectoria de casi tres décadas, desde que a partir de 1999 empezó a desempeñar las primeras labores de dirección ambiental de obra.
La compañía cuenta actualmente con equipos especializados y multidisciplinares integrados por profesionales de diversos campos: arqueología, arquitectura y técnicos de patrimonio cultural, entre otros, que prestan una gran variedad de servicios a entidades del sector público.
Entre ellas, destaca por el volumen de trabajos Adif, pero también Renfe, Aena, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET); Direcciones Generales del Agua, de Carreteras, y de Tráfico, y, desde 2026, también Red Eléctrica Española, para quien ha desplegado una oficina técnica especializada que ha asumido las numerosas intervenciones de protección de bienes culturales de la entidad por todo el territorio nacional.
Los expertos en patrimonio cultural de Ineco realizan una gran variedad de tareas y prestan asesoramiento durante todo el ciclo de vida de los proyectos y en cualquier etapa, desde la de planificación a la obra. Su gran desafío es hacer compatibles la conservación y la investigación de los bienes culturales con la continuidad en la ejecución de los trabajos y el cumplimiento de los plazos.
Este servicio 360º, integral y a medida del cliente, es exclusivo de Ineco entre las empresas públicas, y contribuye a reforzar el papel de éstas en la gestión responsable, intervención coordinada, protección y conservación de miles de bienes culturales de todas las épocas.
Del nieto de Noé al homo antecessor
Aunque pueda resultar paradójico, la arqueología es un área de conocimiento relativamente reciente. Si bien desde la Antigüedad se han descubierto en todo el mundo vestigios de otras épocas, su valoración e interpretación atendían a criterios muy distintos de los actuales.
En los últimos 150 años el desarrollo del pensamiento científico en general, los avances tecnológicos y las aportaciones de otras disciplinas, como la geología, la física, la química, la zoología, etc., así como las ciencias sociales- historia, antropología y otras muchas- han transformado por completo este campo de conocimiento y con él la visión y la interpretación del pasado.
Desde el Renacimiento hasta finales del siglo XIX, el principal interés para la búsqueda y descubrimiento de “antigüedades” era el coleccionismo entre las clases más pudientes. De hecho, el estudio de vestigios físicos del pasado se denominaba “anticuarismo”, con una preferencia muy marcada por épocas concretas (clásica, sobre todo) y poca o nula atención al contexto histórico y antropológico, lo que dio lugar a tráfico de objetos, expolios, traslados y destrucción de yacimientos.
Paralelamente, las explicaciones del pasado, especialmente el remoto, se apoyaban en fuentes como leyendas, mitos o tradiciones basadas en interpretaciones literales de la Biblia transmitidas de autor en autor. Así ocurrió, por ejemplo, en España con el mito de Túbal, uno de los nietos del patriarca bíblico Noé, como fundador y primer rey de Iberia.
Es a partir de principios del siglo XX cuando se consolida el enfoque científico en la excavación, estudio y datación de los vestigios del pasado, tanto arqueológicos, es decir, construcciones o artefactos vinculados a la actividad humana, como paleontológicos: restos fósiles. La aparición de la teoría de la evolución de las especies a partir de Charles Darwin, cambió el rumbo de muchos campos del saber, incluyendo los que estudian el pasado: la historia, la arqueología y la paleontología.

Representaciones del Homo antecessor, (dibujos a lápiz, 1999), entre las 80 obras originales del paleoartista Mauricio Antón que se exponen hasta agosto de 2026 en el Museo de la Evolución Humana de Burgos. Foto: MEH
Una muestra de esta evolución en el último siglo y medio puede apreciarse en el cambio de actitud de la comunidad científica y el público en general hacia descubrimientos de alcance mundial como las pinturas de Altamira en Cantabria a los yacimientos de Atapuerca en Burgos. Ambos lugares, descubiertos a finales del siglo XIX, están hoy declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
En el primer caso, la comunidad científica de la época consideró que por su calidad y técnica las pinturas no podían haber sido ejecutadas por habitantes de “las cavernas”, por lo que el rechazo y escepticismo hacia su descubridor, Marcelino Sanz de Sautuola, fueron totales. El hallazgo posterior de otras cavernas similares en España y Francia dio finalmente la razón a Sautuola, que recibió una disculpa póstuma de su principal crítico, el prehistoriador francés Emile Cartailhac, en un famoso artículo publicado en 1902.
En cuanto a los yacimientos de Atapuerca, aunque hay referencias escritas del lugar desde el siglo x, no fue hasta mucho después, a finales del siglo XIX, cuando la construcción de una gran trinchera para un ferrocarril minero reavivó el interés, que aumentó a partir de las excavaciones de los años 60. Pero fueron los grandes descubrimientos de los años 90 los que hicieron mundialmente famoso el enclave: hasta la fecha se han hallado, entre otros muchos vestigios, fósiles de cinco especies de homínidos diferentes, incluyendo una desconocida hasta 1994, el homo antecessor.
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Desafíos líquidos
Badajoz, 19 de febrero de 1811. España está sumida en la Guerra de Independencia. Para intentar detener a los franceses, las tropas hispanoportuguesas al mando del general Mendizábal vuelan parcialmente el puente de Cantillana sobre el río Gévora, paso estratégico entre Cáceres y Badajoz. Pero fracasan y finalmente son derrotadas. La batalla se salda con más de 4.000 prisioneros y un millar de bajas… incluido el propio puente, ya entonces con cuatro siglos de antigüedad, que queda gravemente dañado.
Pese a los intentos de reconstrucción posteriores, el deterioro que ya sufría continuó, empeorado por los efectos de la climatología y las crecidas del río Gévora. Construido en el siglo XVI, en tiempos del emperador Carlos V, con sillería, mampostería y ladrillo, su estado actual es crítico. El colapso de la parte central y la inclinación de algunos de los pilares imposibilitan el paso y amenazan su estabilidad e integridad estructural.

Ermita de Nuestra Señora de Oreto y Zuqueca y vista general de la zona arqueológica. Fotos: Portal de Cultura de Castilla-La Mancha
Granátula de Calatrava, Ciudad Real, verano de 1996. La apertura del nuevo embalse del Jabalón, construido apenas cuatro años antes, amenaza con inundar la antigua ermita medieval de Nuestra Señora de Oreto y Zuqueca, situada justo en sus riberas y por debajo de la cota de nivel de las aguas, que ya habían cubierto el cercano puente de Baebio.
La excavación de una zanja de drenaje alrededor del templo deja al descubierto, por casualidad, los primeros restos de lo que resultó ser un gran yacimiento que abarca un período de dos mil años. En las décadas siguientes se excavaron y acondicionaron para su apertura al público las ruinas de la milenaria ciudad íbera de Oretum, capital norte de la antigua región prerromana de Oretania, además de cientos de enterramientos y construcciones fruto del paso de los romanos, musulmanes, visigodos y cristianos que habitaron la zona.
El primer intento de frenar las inundaciones fracasó y en diciembre de 1996, tras un episodio de fuertes lluvias, las aguas alcanzaron hasta un metro de altura en el interior de la ermita.
Otros intentos posteriores de proteger el templo y el yacimiento tampoco tuvieron éxito. Lo que no habían conseguido casi dos mil años de olvido bajo tierra podía llevárselo por delante en poco tiempo el mismo enemigo que atacaba el puente extremeño: el agua.
Junto con el antiguo puente de Baebio, la ermita y el yacimiento, de 17 hectáreas, forman un conjunto declarado Bien de Interés Cultural desde 2024. Se trata del máximo nivel de protección patrimonial, pero la amenaza de las crecidas del arroyo Casaquemada y del río Jabalón continúa.
Por ello Ineco ha recibido el encargo de la Dirección General del Agua de elaborar un proyecto de rehabilitación de la ermita y prevención de inundaciones. Para llevarlo a cabo ha realizado un estudio de alternativas que contempla trabajos de prospecciones geofísicas y arqueológicas, un estudio de impacto patrimonial, junto con una amplia negociación con los organismos competentes, como el Instituto de Patrimonio Nacional.
Al mismo tiempo, a unos 340 kilómetros hacia el oeste, en Extremadura, el puente de Cantillana está siendo también objeto de otro proyecto de salvamento patrimonial de la Dirección General del Agua, en que confluyen la arqueología, la ingeniería y la arquitectura.
Declarado Bien de Interés Cultural en 2022, en 2026 la administración central asumió el proyecto de rehabilitación del puente en el que participa un equipo multidisciplinar de Ineco, formado por especialistas en estructuras históricas, geotecnia, hidrología, medio ambiente y patrimonio, con el objetivo de devolverle su funcionalidad.

Vista general del puente medieval de Cantillana y los dos construidos posteriormente en los siglos XIX y XX, (metálico y de hormigón), con los que forma un conjunto histórico de gran interés. Imagen: Ineco
El proyecto prevé la reconstrucción y estabilización de la estructura utilizando materiales y técnicas que replicarán las originales, recuperando además elementos simbólicos como las dos lápidas con inscripciones que coronaban el vano principal, una de las cuales se conserva en el Museo Arqueológico de Badajoz. El equipo de asesoría patrimonial de Ineco ha identificado más de 150 elementos epigráficos (inscripciones) que se restaurarán, como 14 marcas de cantero y ocho grafitis de diferentes épocas.
“La ilvstre civdad de Badajoz mando hazer esta pvente con la bellota del comvn. Izola en qvatro años Gaspar Mendez reinando el catolico emperador Don Carlos…” Inscripción de 1535 en la lápida que coronaba el puente de Cantillana, conservada en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz
A la complejidad de los retos de ingeniería se suma, además, la falta de documentación constructiva, es decir, no hay planos. La tecnología avanzada ha logrado suplir esa ausencia: utilizando fotogrametría con drones, se ha generado un modelo 3D georreferenciado y fotorrealista extremadamente preciso. Cuando esté reconstruido, el puente podrá volver a usarse, formando parte de una vía verde ciclista.

El modelo 3D reproduce con exactitud los daños estructurales. Imágenes: Ineco
El caso del puente de Cantillana muestra cómo ha evolucionado en los últimos años no sólo la conservación de los bienes culturales, sino el propio concepto de patrimonio y con él, las relaciones entre las disciplinas implicadas- la arqueología y la paleontología, la historia, la arquitectura, la geología, la ingeniería…-, las herramientas tecnológicas que se emplean, el papel de la administración pública y la percepción de sociedad en general.
Más allá del museo
La aprobación de la Ley 16/1985, la primera ley nacional de la democracia para la protección del patrimonio denominado entonces “histórico”, marcó un antes y un después. Desde entonces, el concepto ha evolucionado mucho. La ley establecía el traspaso de las competencias en la materia a las 17 comunidades autónomas, que, salvo las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, empezaron a desarrollar y aprobar sus propias leyes, más detalladas y específicas que la norma general.
Antes de su promulgación, los hallazgos imprevistos durante las obras se consideraban un inconveniente, como describía en 1980 el célebre ingeniero español Carlos Fernández Casado: “Al tener noticia de algún hallazgo arqueológico se paraliza la obra, pudiéndose prolongar esta situación varios meses o incluso indefinidamente, causando un verdadero trastorno” por lo que se optaba por un solución drástica: “…para evitar que los hallazgos lleguen al conocimiento de las autoridades municipales, los constructores se dan una gran prisa en destruir todo lo aparecido y por aparecer”.

Cerámica hallada en el yacimiento de La Gavia, Madrid. Foto: Ineco
A partir de 2019, las diferentes normas autonómicas se han ido actualizando para recoger la transformación y ampliación de la noción de “patrimonio cultural” que se ha ido produciendo a lo largo de los últimos años, además de endurecer las medidas de control patrimonial en obras civiles.
En octubre de 2025 se aprobó el Plan Nacional de Arqueología, consensuado con los gobiernos regionales. El documento incide, entre otros aspectos, en la dimensión social y el nuevo paradigma del “paisaje cultural”, que abarca no sólo los vestigios arqueológicos sino también su contexto sociocultural y su relación con el territorio. El Plan recoge los nuevos enfoques de la arqueología: por una parte, el preventivo, - evitar la pérdida o destrucción de patrimonio, como en el caso del yacimiento de Oreto Zuqueca- y en paralelo, el social y divulgativo, que lo considera como un elemento de identidad colectivo y hace hincapié en su difusión al público.
También han evolucionado las relaciones interdisciplinares entre la arqueología contemporánea y otras ciencias experimentales y sociales y se ha generalizado la aplicación de nuevas tecnologías, como las aplicadas en el proyecto del puente de Cantillana: modelos en 3D obtenidos por escaneo no destructivo con láser, localización por satélite, fotogrametría con drones, etc. y las técnicas de análisis en laboratorio: estudios de ADN, datación con isótopos o carbono 14…. Todas ellas resultan de gran utilidad tanto para el trabajo de campo como su posterior estudio y difusión, tanto a especialistas como al público general.
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El radar y el tigre de dientes de sable
Torrejón de Velasco, Madrid, verano de 1991. Durante unas prospecciones mineras aparecen unos huesos que se acaban identificando como de fauna del Mioceno superior, de hace unos 9 millones de años, en una abundancia y estado de conservación extraordinarios. Se trata de un yacimiento, el de Cerro de Batallones, único en el mundo, ya que a diferencia de lo que suele ser habitual, la mayoría son fósiles de carnívoros como osos-perro y tigres de dientes de sable; hasta 10 especies de depredadores de las 30 encontradas hasta ahora. Entre ellas hay también tortugas gigantes, antepasados de jirafas y caballos, cérvidos, rinocerontes y aves y reptiles.
Pocos años después de los primeros hallazgos, en 1996, la Agencia Estatal de Meteorología, AEMET, instaló junto al yacimiento, en lo alto de la colina de 707 metros de altitud sobre el nivel del mar, un radar meteorológico doppler. Esta ubicación no era caprichosa. En este tipo de instalaciones, la localización es un factor crítico que se selecciona cuidadosamente, ya que deben tenerse en cuenta una gran variedad de aspectos para optimizar la operatividad de los equipos: cobertura, ausencia de obstáculos, existencia de interferencias radioeléctricas, etc. Su finalidad: localizar precipitaciones de lluvia y granizo en un radio de entre 100 y 150 km. y calcular su trayectoria, teniendo en cuenta también la velocidad del viento.
En 2026, el radar ha sido completamente renovado con tecnología de polarización dual de última generación, como parte del programa nacional de AEMET iniciado en 2021 para la renovación de su red nacional de 15 radares, que incluye también la construcción de tres nuevos (en Salamanca, Ciudad Real y Tenerife).
Ineco ha trabajado durante los últimos seis años en la redacción de proyectos, asistencia técnica y dirección de las obras, incluyendo el seguimiento ambiental y patrimonial a pie de obra de todas las actuaciones. En caso del radar de Torrejón de Velasco, para evitar cualquier afección a los yacimientos del Cerro de Batallones, declarados Bien de Interés Cultural desde 2002, se tomaron todas las precauciones, delimitando estrictamente las zonas de actuación y realizando un seguimiento exhaustivo a pie de obra.
Este es el fin último de la labor de profesionales como los de Ineco, que han intervenido en múltiples proyectos por todo el territorio nacional, contribuyendo al descubrimiento, conservación, y puesta en valor de miles de bienes patrimoniales de todo tipo, desde fósiles prehistóricos a edificaciones aisladas o poblados enteros, construcciones agrícolas, monumentos o enterramientos hallados durante la construcción de vías de alta velocidad, autovías, accesos a puertos o ampliaciones aeroportuarias.
Muchos de ellos hoy forman parte de los fondos de museos de toda España, mientras que otros se han documentado, protegido, y conservado in situ, para futuros estudios. Pero ése es el final de un proceso que comienza mucho antes de que se mueva un solo centímetro cúbico de tierra: un viaje en el tiempo.
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Un viaje en el tiempo… a pie de obra

Personal de Ineco y Adif en las excavaciones en el yacimiento de La Gavia, junto a las obras del by pass de alta velocidad, en el complejo ferroviario de Atocha Madrid), en 2025. Foto: Ineco
El equipo de asesoría de patrimonio cultural y arqueología de Ineco forma parte del área de PMO y Direcciones de Obra y trabaja en estrecha coordinación y colaboración con otros profesionales de la compañía y con los promotores de las obras (Adif, Aena, Red Eléctrica, administraciones, etc.) en una gran variedad de actuaciones, en gran parte ferroviarias, pero también de carreteras, aeropuertos y puertos.
Su labor comienza en la fase de diseño, continúa durante la redacción de proyectos y se prolonga con la supervisión a pie de obra durante toda la fase de ejecución, desde los primeros movimientos de tierras hasta la finalización.
Además, gestiona todos los trámites y permisos necesarios para las actuaciones arqueológicas, elabora informes y estudios de distintos tipos y resuelve la infinidad de situaciones que puedan surgir, mediando con las administraciones y organismos implicados. Asimismo, lleva a cabo estudios especializados en entornos de alta protección, como los realizados en 2025 sobre los efectos de las vibraciones causadas por el paso de los trenes en el acueducto de los Milagros de Mérida y el anfiteatro romano de Tarragona.
Las tareas pueden incluir la organización de grandes excavaciones, y la coordinación de la musealización de los hallazgos, como en el proyecto del acceso ferroviario al puerto de Sagunto (2021-2025), que se ha completado tras cinco años en los que se han estudiado los restos del antiguo puerto romano.
Otro caso es de las obras del by pass Chamartín-Atocha, en Madrid, que se iniciaron en 2020 y siguen en curso. En 2023, en la conocida área arqueológica del Cerro de la Gavia, se encontró un poblado de la II Edad de Hierro, con un templo, un lagar y dos viviendas, además de un tramo del Real Canal del Manzanares, del siglo XVIII, que se suman a los abundantes vestigios ya descubiertos desde 1919, y que abarcan desde el Neolítico hasta la Guerra Civil española.
Un ejemplo clásico de hallazgo imprevisto es el del yacimiento de Lo Hueco, en Fuentes, Cuenca. Descubierto fortuitamente en 2007 durante las obras del AVE a Levante, en la “Atapuerca de los dinosaurios”, se han contabilizado más de 12.000 fósiles, entre ellos una nueva especie de saurópodo gigante, por lo que actualmente está considerado uno de los más importantes de Europa.
Las tumbas y necrópolis son hallazgos frecuentes. Destaca la “Fossa Neolítica” de Barcelona, hallada en 2011 durante las obras de la estación de La Sagrera: un enorme hipogeo o tumba colectiva de 4.900 años de antigüedad con los restos de cerca de 350 individuos. Entre 2016 y 2019, en Utrera, Sevilla, se descubrieron dos necrópolis romanas con 59 enterramientos, (siglos I a IV d.C), durante la construcción del nuevo enlace de El Torbiscal, en el cruce de la carretera N-4 con la autonómica A-471. Entre otras labores, Ineco redactó el proyecto, e hizo el seguimiento medioambiental para la Dirección General de Carreteras, promotora del proyecto.
Las grandes ampliaciones aeroportuarias de finales de los años 90 y primeros 2000 también dieron lugar a extensas actuaciones arqueológicas en la que estuvo presente la compañía. La mayor de todas fue la del aeropuerto de Madrid Barajas, entre 1996 y 2005, para la que redactó el Plan Director y múltiples proyectos, entre ellos los de las dos nuevas pistas, y prestó asistencias técnicas de dirección y control de obras. Ineco también elaboró un complejo estudio, llamado FSAM o Futuro Sistema Aeroportuario de Madrid, (1997-1999), en el que se precisaba que “toda la zona era un yacimiento”.
Y efectivamente, pronto la enorme superficie de más de 12.000 m2, equivalente a 1.700 campos de fútbol, se convirtió en una gigantesca excavación en la que se hallaron mastodontes y tortugas gigantes del Mioceno- hace 23 millones de años- tumbas de la edad del Bronce, (Las Quebradas y El Muladar), una villa romana del siglo III, (El Rasillo y el Guijo) asentamientos visigodos e islámicos (El Encadenado-El Soto, Las Charcas y la Huelga) etc. En total, 27 yacimientos arqueológicos y 17 paleontológicos.
Otra de las grandes ampliaciones fue la del aeropuerto de Málaga (Plan Málaga), en la que Ineco se encargó, entre otras muchas labores, de la dirección ambiental de las obras entre 2003 y 2013. Primero se halló una necrópolis romana con más de 40 tumbas de entre los siglos IV y V d.C., durante la construcción del nuevo aparcamiento, y posteriormente, durante la ampliación del campo de vuelos, un asentamiento fenicio ocho siglos más antiguo (La Rebanadilla), que se estudió y conservó enterrándolo.
Más recientemente, las obras en el aeropuerto de Ibiza (2018-2022), supervisadas por Ineco, sacaron a la luz un complejo agrícola púnico-romano (siglo III a.C. al II d.C.) y una necrópolis bizantina. En aeropuertos gallegos como los de Santiago de Compostela, Vigo y A Coruña, se han llevado a cabo actuaciones de protección como el desmontaje y traslado de hórreos (pequeñas construcciones elevadas para almacenar grano o forraje), y molinos, la reconstrucción del pazo (palacio) de Culleredo y la reubicación de casas tradicionales.
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Proteger de principio a fin
La protección del patrimonio, tanto ambiental como cultural, comienza ya en la fase de diseño. Los bienes culturales previamente conocidos e identificados se incluyen desde el primer momento en los estudios previos y su localización se incorpora a la cartografía del proyecto. Para ello, se analiza la documentación disponible, como inventarios, catálogos y “cartas arqueológicas” (listados de yacimientos por zonas), aunque en ciertos casos puede no ser muy precisa y siempre debe realizarse una coordinación con los organismos competentes.
También se realizan diferentes trabajos de campo en la zona de actuación en busca de indicios, que requieren autorización expresa. Pueden consistir en prospecciones visuales o geofísicas (con métodos no intrusivos), desbroces y limpiezas superficiales para localizar posibles elementos de interés, o catas y sondeos arqueológicos, generalmente combinando medios mecánicos y manuales, salvo que la inspección especifique lo contrario.
En el análisis de alternativas, se estudian las posibles afecciones en cada una de ellas. Un ejemplo reciente es el del trazado de la nueva autovía A-76, en Ourense (Galicia), que atraviesa el yacimiento arqueológico del castro de As Portas, declarado Bien de Interés Cultural. Ineco ha llevado a cabo la prospección arqueológica previa y un estudio de alternativas, además de una extensa labor de mediación con el organismo de patrimonio, el promotor y el equipo técnico del proyecto. Otro caso es el del viaducto de 693 metros en la variante de Loja de la LAV a Granada, que se incluyó en el proyecto para evitar la afección a la villa romana de El Salar, que destaca por sus extraordinarios mosaicos.
Tras completar la documentación y los sondeos, el equipo asesor de patrimonio elabora un informe de afecciones que detalla los posibles puntos de interés y las medidas preventivas a tomar, y lo remite al órgano autonómico competente- o, en su caso, al ministerio de Cultura- que deberá emitir una resolución favorable para poder iniciar la obra, estableciendo además las medidas de protección del patrimonio que correspondan- preventivas, correctoras o compensatorias-, y que se incluirán en el proyecto. Concede además el permiso al profesional concreto que se encargará de la supervisión arqueológica durante toda la ejecución.
Incluso aunque los resultados previos hayan sido negativos, una vez iniciados los trabajos pueden producirse hallazgos, que deben notificarse al organismo competente.
Éste puede solicitar al promotor que modifique el proyecto- por ejemplo desviando un trazado o construyendo un viaducto o un túnel- o solicitar una excavación, para identificar la adscripción cultural y cronológica a la que pertenece el yacimiento.
En otros casos, se opta por el estudio in situ, recogida de elementos y posterior cubrición del elemento patrimonial, para asegurar su conservación de cara a futuros estudios. Así se hizo con el castro romano (campamento fortificado) de La Gariposa, en Tafalla, Navarra, hallado en 2021 en pleno trazado de la línea de alta velocidad Zaragoza-Pamplona. Tras considerar varias posibilidades, finalmente el yacimiento se conservó en superficie, adecuadamente protegido, y se construyó un túnel por debajo para que pasara el tren.
Frecuentemente se combinan ambas opciones: los vestigios más valiosos se trasladan a un museo mientras que el resto se protegen y entierran de nuevo. En todos los casos, se elabora una memoria arqueológica que da cuenta de los hallazgos durante la obra, con independencia de otros estudios que se puedan realizar.





