Antonio José Momblán y Nuria Alarcón, de Ineco, durante la presentación del plan
El ferrocarril ofrece capacidad, eficiencia y evidentes ventajas ambientales, pero para integrarse de verdad en las cadenas logísticas del gran consumo necesita dar un paso más: responder al ritmo trepidante de un sector donde la fiabilidad, la frecuencia y los datos en tiempo real lo son todo.
Este es el punto de partida del Plan de Transporte Intermodal del Gran Consumo 2026, impulsado por la Oficina del Comisionado del Corredor Atlántico en colaboración con Aecoc, y que cuenta con la participación de Ineco. La revista Tramos, editada por el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, dedica un amplio reportaje a este proyecto.
La labor de Ineco se ha centrado en radiografiar la logística del gran consumo, identificar las barreras que frenan la cuota ferroviaria y traducir las urgencias de fabricantes y distribuidores en criterios operativos. El objetivo es claro: avanzar hacia una oferta competitiva y real. Como explica uno de los autores del plan, Antonio Momblán, experto en Economía y Política del Transporte de Ineco: “la demanda existe; el reto ahora es construir una oferta capaz de responder a ella”. Esta premisa vertebra todo el trabajo. Ya no se trata únicamente de desplegar infraestructura, sino de conseguir que el servicio encaje al milímetro en cadenas logísticas sometidas a plazos estrictos y a una demanda muy volátil.
El Tren Maestro y los modelos flexibles
A partir de este diagnóstico, el Plan define el Tren Maestro. No se trata de un convoy físico, sino de un modelo de referencia sustentado en cinco pilares: fiabilidad, competitividad económica, robustez, sostenibilidad y transparencia. Es la hoja de ruta que marca cómo debe evolucionar el tren para darle al mercado exactamente lo que necesita. Para lograrlo, es imprescindible apostar por fórmulas flexibles. Destacan los modelos “multicliente”, diseñados para agrupar cargas de diferentes empresas y maximizar la capacidad de cada trayecto. En este sentido, Nuria Alarcón, una de las autoras y experta en Transporte Intermodal de Ineco, subraya que la clave “reside en crear las condiciones adecuadas: más digitalización, mayor visibilidad de la demanda y modelos de colaboración que permitan gestionar esta complejidad de forma eficiente y sostenida”. Precisamente la digitalización jugará un papel decisivo. Compartir información instantánea sobre capacidad, servicios o planificación será esencial para agilizar la toma de decisiones entre cargadores, operadores y gestores de red.
En definitiva, el trabajo desarrollado por Ineco aterriza en una conclusión fundamental: el futuro de la intermodalidad no pasa solo por mover más mercancías por las vías, sino por lograr que el ferrocarril interiorice y aplique la misma lógica con la que hoy respira el mercado.




