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Ingeniería de vanguardia para devolver la vida al puente de Cantillana

10 de Abril de 2026

A cinco kilómetros de Badajoz, sobre el río Gévora, el puente de Cantillana lleva casi cinco siglos desafiando al tiempo. Construido entre 1531 y 1535 bajo el reinado de Carlos V, este conjunto de 17 arcos de medio punto no solo conectó durante siglos los caminos entre Badajoz y Cáceres: también es hoy una pieza singular del patrimonio histórico español.

Sin embargo, su historia reciente es la de un deterioro silencioso. Declarado Bien de Interés Cultural en 2022, el puente permanece actualmente intransitable, con daños estructurales de gran alcance: el colapso de su bóveda central, la destrucción de la zona de entrada tras episodios de crecida y el progresivo basculamiento de varias pilas amenazan su estabilidad.

Frente a este escenario, Ineco ha asumido el reto de devolverle su integridad y su función. Un desafío que va mucho más allá de una intervención técnica: se trata de reconciliar historia, ingeniería y paisaje.

El proyecto de rehabilitación del puente de Cantillana, presentado recientemente en el II Congreso Internacional de Patrimonio de la Obra Pública y de la Ingeniería Civil, es el resultado de un trabajo coral. Un equipo multidisciplinar de Ineco —integrado por especialistas en estructuras históricas, geotecnia, hidrología, medio ambiente y patrimonio— está definiendo una intervención que respeta la esencia original del puente al tiempo que garantiza su durabilidad futura.

Un proyecto que combina memoria e innovación

La ausencia de documentación histórica sobre su construcción obligó a empezar casi desde cero. Para ello, se recurrió a tecnologías avanzadas como la fotogrametría con drones, que permitió generar un modelo 3D georreferenciado y fotorrealista del puente, clave para entender su geometría y planificar las actuaciones. Este enfoque, donde la tecnología se pone al servicio del patrimonio, marca una de las señas de identidad del proyecto.

La intervención prevista se apoya en un principio claro: reconstruir sin alterar el carácter original. Así, los arcos colapsados serán rehechos con sillería granítica, replicando las técnicas constructivas históricas; las pilas serán estabilizadas mediante micropilotes invisibles; y los materiales empleados —morteros de cal, mampostería tradicional— mantendrán la coherencia con la obra original. Incluso los elementos simbólicos recuperarán su lugar: se prevé la reposición de las lápidas históricas que coronaban el vano principal, una de ellas hoy conservada en el Museo Arqueológico de Badajoz. El objetivo final no es solo estructural. El puente está llamado a integrarse en una futura vía verde para ciclistas entre Badajoz y Cáceres, recuperando así su vocación de conexión territorial, adaptada al siglo XXI.

Ingeniería con vocación de permanencia

El proyecto de Cantillana es un ejemplo más de la capacidad de Ineco para abordar retos complejos en el ámbito de la conservación estructural. Con un equipo de más de 100 especialistas, la compañía se ha consolidado como referente en estudios de patología y evaluación de infraestructuras, combinando conocimiento técnico, innovación y una visión integral que abarca desde la inspección hasta la ejecución.

Su experiencia incluye desde la evaluación de más de 1.000 puentes en autopistas en 2025, hasta la rehabilitación de infraestructuras emblemáticas o proyectos internacionales de alta velocidad, sin perder de vista la investigación y el desarrollo tecnológico, con iniciativas como el uso de drones o la monitorización mediante satélite.

En un contexto donde la conservación del patrimonio adquiere una relevancia creciente, proyectos como este demuestran que la ingeniería puede ser una herramienta decisiva para proteger la memoria colectiva sin renunciar a la innovación.