En un contexto de cambio climático, los incendios forestales son cada vez más frecuentes, intensos y difíciles de prever. Olas de calor, sequías prolongadas y condiciones meteorológicas extremas están redefiniendo el riesgo a escala global. Ante este escenario, entender dónde, cuándo y cómo puede producirse un incendio se ha convertido en una prioridad. Pero también en un desafío complejo. Porque el riesgo no depende de un único factor, sino de la interacción entre clima, territorio, actividad humana e infraestructuras.
Con ese objetivo, Ineco ha desarrollado una metodología propia que permite evaluar de forma integrada el riesgo de incendios forestales bajo distintos escenarios de cambio climático. Un enfoque que combina ciencia climática, análisis territorial y modelización avanzada para transformar datos en decisiones. El punto de partida es doble: por un lado, la vulnerabilidad, que mide hasta qué punto un territorio está expuesto y es sensible al fuego; por otro, el riesgo, que incorpora además la probabilidad de que ocurra un incendio y la magnitud de sus posibles consecuencias. Para ello, la metodología integra indicadores como el índice meteorológico de incendios, que refleja las condiciones propicias para la ignición y propagación, junto con variables del entorno, como la topografía o el uso del suelo. A partir de ahí, se construyen modelos que permiten identificar las zonas más susceptibles y anticipar su evolución en diferentes horizontes temporales, desde el corto hasta el largo plazo.
El resultado no es solo un diagnóstico, sino una herramienta estratégica. Mapas dinámicos que permiten visualizar cómo evolucionará el riesgo y que facilitan la planificación de medidas de prevención, adaptación y respuesta ante emergencias. Porque el impacto de los incendios va mucho más allá del momento en que se producen. Tras el fuego, los cambios en el suelo, como la pérdida de capacidad de absorción del agua, pueden generar efectos persistentes, aumentando el riesgo de erosión y complicando la recuperación del territorio. Este tipo de análisis permite, por tanto, anticiparse no solo al incendio, sino también a sus consecuencias. Y hacerlo con una visión transversal, aplicable a distintos tipos de activos y territorios.
Esta metodología no es solo un desarrollo conceptual. Ya se está aplicando en proyectos reales, como el Plan de Adaptación al Cambio Climático de la Red de Carreteras del Estado, así como en distintos trabajos para Adif, tanto en el análisis del riesgo climático como en la planificación de inversiones necesarias para adaptar la red ferroviaria a los efectos del cambio climático. Su valor reside precisamente en eso: en su capacidad para pasar del modelo al terreno, integrándose en la toma de decisiones y ayudando a priorizar actuaciones allí donde el riesgo es mayor.
Pero no hay que confiarse. En paralelo, Ineco continúa impulsando nuevos desarrollos propios en este sentido. Por ello, en la Convocatoria de Intraemprendimiento 2026 se seleccionaron también dos proyectos centrados en la prevención y gestión de incendios: Belenos FirePredict Geoportal, que permite anticipar el riesgo y traducirlo en decisiones operativas con varios días de antelación, y FIRE-NEST, una solución basada en sensores, visión artificial y drones para la detección temprana y verificación de posibles focos.
En conjunto, estos proyectos de Ineco apuntan en una misma dirección: adelantarse al riesgo en un entorno cada vez más incierto. Porque la clave ya no está solo en reaccionar, sino en anticipar. Y ahí, los datos vuelven a marcar la diferencia.




